Zona centro: San Luis Potosí (capital)

Lado superior izquierdo

En aquel concierto donde

Los desconocidos aparecían en tus hombros

Y los arrastrabas a una cueva luminosa

yo te observaba:

me sentí tranquilo al saber que por lo menos hoy estás más cerca

O lejos de lo que me das como regalo al dividir los días en los que nos vemos

Y en los que no.

De tu boca comenzaron a estallar espesos ríos de motivos

Para acordarme del lado superior izquierdo

Y liberar su contenido para huir en esferas de aire sobre el desierto.

Tantas horas pensando en las calles que dejaste

que ahora me pesan como si sintiera cada

pedazo de pavimento en el lado superior izquierdo

impregnaste tu sombra, el olor de tu cabello, y el abrir de tus ojos

pero por más que limpien las calles, ahí siguen y probablemente seguirán.

Y todo esto aquí en un concierto, en una ciudad agrietada

En donde tras un gesto pueril te cubres con un árbol

Y me dejas con la puerta abierta del lado superior izquierdo

Listo para huir sobre el desierto

Y dejar de ver tus calles.

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En la florida

En este mismo bosque en las noches

Sus ojos se pasean revoloteando recuerdos

y los (ya nuestros pensamientos).

Me he convencido de escuchar su voz

en las entrañas de árboles

pero sus pasos me confunden

Con el pestañeo de la luna.

 

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Mosaico de la glorieta de Chilpancingo

Primera escena.

Afuera de la panadería

Hay hombres tirados

En las lagunas grises

Y como marineros cantan:

Dichosos y pobres los hombres

Que son recogidos en el camino

Y que apenas les queda una vela

Como último aullido.

Los hombres están creados

De barro e hilos

De una plasta de huesos

Genuinamente-

-Perfeccionada-

A la medida

Sincronizan sus movimientos

Como si estuvieran actuando

y si uno aprende a observarlos

Se alcanza a ver en sus ojos

Corrosivas lágrimas oxidadas

Como si no expresaran

Lo que ya se sabe de esta ciudad

Todavía les ladran a las extrañas siluetas de vapor

Que simulan al hombre esbozado por Rivera

(se dice que estos avistamientos

Ocurrieron en los años sesenta)

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El camino a la ciudad agrietada

I.

Existe una puerta que me abre los ojos de un bosque

Te encuentro a ti y me comienzo a imaginar cosas

(En un espacio mutilado de silencios)

Como si de un puente se tratase

Del puente que nos une como huérfanos de un bosque

(Dejamos atrás todo para encontrarnos)

Y las piedras que parecen salir de la cascada

Con un movimiento regresivo

Trastocan recuerdos repetidos.

II.

(Momento de romper otra puerta que me dibuja los pasos de una ciudad)

Abro la puerta de un bar y las miro sentadas

Tu rostro se cubre de cera

Y te pierdas por instantes con los postes oscuros

Que derraman luz oxidada sobre el desierto de adoquines

-¿A quién le hablas?-

¿Al sujeto que me acompaña?

¿ a mi mente exhausta de tus gestos?

¿A los perros que se lamentan en la avenida?

(Te cierro la ventana

Pero de lejos me miras confiada)

Como si de un chiste se tratara.

III.

Atrás de un bar hay 4 mujeres

Que me miran

Atrás de un bar en el centro de la ciudad agrietada

Hay mujeres llorando por el mismo hombre

¿Y quién es ese hombre con aspiraciones a tejer una cueva

Luminosa ?

Hay 4 mujeres por detrás de la barra del bar que se aferran

Desesperadamente

A un hombre con latidos salvajes

Que se avecina por las mañanas

A escuchar los silbidos del mar.

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Algo que sea tuyo 

El tema más complicado 

(Sin duda) 

Es captarte 

Y escribir algo que te guste

Es la frustración de desentrañar  

Algo que te identifique  

Y hacerlo bien 

Pero ahí estás tú en las noches

Bailando entre retratos de amigos 

Y yo me quiebro las manos escribiéndote algo 

En lugar de decírtelo de frente. 
Te muestras indecisa y ya no es de noche 

Ya es otro día,

Y me llevo a los ojos el peso de verte bailando junto a mi

Y no haberte tocado

Sigo queriendo escribirte algo 

Y me quitas el peso 

Diciéndome que me hablarás

Pero yo sigo frustrado por querer escribir algo que sea tuyo 

Algo que los demás vean 

Y aunque no te reconozcan 

Sepan que eres  ella 

La que quebrabas manos de poetas 

Tratando de he te escribieran 

Algo que sea tuyo. 

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Víctima del hipódromo

En la esquina de Sonora con insurgentes

hay un mesero tirado con una cajetilla de cigarros

sus ojos  llenos de ceniza

se cierran con el peso de olvidar a su familia

y no hay imagen que me provoque el abismo mental

que ver a ese hombre tirado en la calle

de un gran hipódromo

y la condesa que tiene a sus hijos cuadrúpedos

solo ve al hombre como si fuera una decoración de la ciudad

y a el que no le queda nada

se lo traga la ciudad

y lo deja como un perro más.

 

 

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Poemas

La región del norte 

Tus ojos reinan sobre el desierto 

Se desvanecen como rayo envolvente 

Pintando el atardecer de los cerros.

El tiempo se va paseando en tus manos 

En ese silencio que se lleva tu cabello 

Al expandirse como luz castaña por tu rostro.

Entre el cauce de tus pies 

Se va desplazando el camino rocoso 

Se arrastra tu aroma por la tela 

Que desenvuelve a tu espalda

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