otro poema de desamor, Poemas

Mientras caminas hacia mi

De nuevo enfrente de mi

y no es que pretenda algo

como el verte en los espejos

de tu pequeño cuarto

no es otro intento desesperado

para que veas como se transforman

las paredes naranjas de San Francisco

en el color de tus pensamientos

tampoco intento

que si algùn dia me llegan a preguntar

el sentido de estos versos

les diga que vi tu rostro

y que de ahí

aparecieron

todos ellos

 

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Lo que me dejas

Ahora que los versos se pasean por tus brazos

Dejando el salvaje devenir de las cosas

en tu mirada que se encharca en los adoquines

Que dejaron de hablar por robarte la palabra

Me ahorcas con tus cabellos de trigo

Que aparecen como mariposas estallando contra tu espalda

Regalándome un Alba que se transforma

En viñedos pintados por tus ojos.

Tu nombre se va diluyendo en las paredes enrojecidas del centro

Me sitúo en el lugar de querer encontrarte

Y que me des las cosas con las que estoy satisfecho

Que me dejes el sonido de un teléfono

O que me dejes la posibilidad de mirarte sentada en todos los bares

Así es como tú ligera mueca desdoblada

Me entierra en el fondo de la cama

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Mosaico de la glorieta de Chilpancingo/ Los motivos del bardo

(Segunda escena: Los motivos del bardo)

El día en que granizó y que insurgentes se volvió el jardín inmenso por las hojas que se estampaban en el suelo como si hubiera habido una masacre de árboles, fue la última vez que vi a aquel hombre. Estaba el hombre en la banca como si el hielo le diera sustento y jamás volvimos a saber de su apariencia. Ni de sus pasos melancólicos que se quedaban en notas amarillas por debajo de la banca como poemas. Nunca sabremos qué pasó con esa mujer que según el esperaba todos los días. Vestido con la misma gabardina azul y cuatro plumas desgastadas (unas más que otras, otras menos que unas). Algún día me contó que jamás escribiría sobre la apariencia de esa mujer, pero me contó esto como si leyera un poema:

Ni siquiera recuerdo cómo era

Solo existen sus pensamientos

Sus pensamientos acordonados

que sujetan mi alma.

Maldigo a todos aquellos bardos

Que escriben sobre las apariencias amontonadas.

Yo vivo de lo que me han dicho

Las que me esperan,

Toda mi cara esta cambiada por ellas

Y mi cuerpo es la maquinaria de versos

que se sostiene

Por siluetas desconocidas.

Ese día el hombre que se autodenominaba el bardo cerró el cajón de la glorieta y se metió en el, y con el desapareció la glorieta.

Yo por mi parte me dediqué a inventarte esta historia, pero si esto hubiese existido se hubiera dicho que estos avistamientos ocurrieron en los años ochenta.

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los sie7e barrios, Poemas

San Miguelito

(los sietebarrios)


Te vi hincada en el barrio
Y una corona de jacarandas
Despertaba en tu boca 
Un día estás sentada conmigo
Y en una noche
Las ocho raíces del árbol que protegen a la iglesia
Te arrastran al altar
En donde sientes el lodo en tus pies
En donde sientes como el agua cercena tus dedos
y te buscas aferrar a los pilares del templo
pero ayer en día
el mar rojo te cimbró en el templo
y como el último aliento de las velas al apagarse
despertaste en Egipto
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Zona centro: San Luis Potosí (capital)

Lado superior izquierdo

En aquel concierto donde
Los desconocidos aparecían en tus hombros
Y los arrastrabas a una cueva luminosa
yo te observaba:
me sentí tranquilo al saber que por lo menos hoy estás más cerca
O lejos de lo que me das como regalo al dividir los días en los que nos vemos
Y en los que no.

De tu boca comenzaron a estallar espesos ríos de motivos
Para acordarme del lado superior izquierdo
Y liberar su contenido para huir en esferas de aire sobre el desierto.

Tantas horas pensando en las calles que dejaste
que ahora me pesan como si sintiera cada
pedazo de pavimento en el lado superior izquierdo
impregnaste tu sombra, el olor de tu cabello, y el abrir de tus ojos
pero por más que limpien las calles, ahí siguen y probablemente seguirán.

Y todo esto aquí en un concierto, en una ciudad agrietada
En donde tras un gesto pueril te cubres con un árbol
Y me dejas con la puerta abierta del lado superior izquierdo
Listo para huir sobre el desierto
Y dejar de ver tus calles.
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Mosaico de la glorieta de Chilpancingo

Primera escena.

Afuera de la panadería

Hay hombres tirados

En las lagunas grises

Y como marineros cantan:

Dichosos y pobres los hombres

Que son recogidos en el camino

Y que apenas les queda una vela

Como último aullido.

Los hombres están creados

De barro e hilos

De una plasta de huesos

Genuinamente-

-Perfeccionada-

A la medida

Sincronizan sus movimientos

Como si estuvieran actuando

y si uno aprende a observarlos

Se alcanza a ver en sus ojos

Corrosivas lágrimas oxidadas

Como si no expresaran

Lo que ya se sabe de esta ciudad

Todavía les ladran a las extrañas siluetas de vapor

Que simulan al hombre esbozado por Rivera

(se dice que estos avistamientos

Ocurrieron en los años sesenta)

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